Este animal tolera condiciones climáticas verdaderamente extremas, especialmente en el Tíbet y otras áreas montañosas de Asia central, donde las temperaturas de verano pueden superan los 50 °C, mientras que las de invierno son muy inferiores a los 0 °C. Su capacidad para resistir largos periodos de tiempo sin comer ni beber, gracias a la grasa almacenada en las jorobas, y su gran fortaleza física (puede caminar 47 kilómetros al día con cargas de casi 450 kilogramos) lo han hecho un animal doméstico de gran importancia en las zonas donde habita, desde Mongolia a Irán. También se aprovechan su carne, leche y pieles.
El camello salvaje está considerado una especie en peligro crítico de extinción. Sólo se encuentra libre en unas pocas áreas desérticas del sur de Mongolia y la región china de Xinjiang, por donde vaga en pequeños grupos familiares de entre 6 y 30 individuos, en el caso de las hembras y sus crías (una o dos cada vez), o de forma solitaria en el caso de los machos. Se alimentan de hierbas y raíces, y carecen de depredadores; sus únicos problemas los causan la ocupación de sus territorios por los pastores para que pasten los animales domésticos.
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